Gestionar tus emociones en el trabajo cuando eres directivo

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Je emoties op het werk beheersen als manager

Gestión de las emociones, presión, carga mental, tensión, multitarea, agotamiento… Éstas son algunas de las palabras habituales tomadas del léxico de los directivos. No es de extrañar que los nervios de los líderes empresariales, que llevan sobre sus hombros la salud y el equilibrio de una empresa o franquicia, se pongan a prueba. Pero, ¿tienen “permiso” para compartir sus emociones con sus empleados y colaboradores? ¿Por qué y cómo deben aprender a dominarlas?


Cuando piensas en el trabajo, y más aún en dirigir una empresa, piensas en emociones. No siempre ha sido así. Como nos recordó el sociólogo francés Vincent De Gauléjac: “Antes separábamos razón y emoción. El trabajo era un lugar de contención, había que apretar los dientes, no mostrar debilidad ni sufrimiento, era la cultura de la virilidad. Ahora, las emociones son el centro de atención“. ¿Pero de qué emociones estamos hablando? ¿Es buena idea compartirlas todas cuando eres director de una empresa?

Emociones en el trabajo

Placer, rabia, miedo, aburrimiento, alegría, frustración, ansiedad, creatividad, duda, estrés, adrenalina, culpabilidad… Es imposible negar el abanico de emociones que genera el trabajo, fuente de autorrealización y de logros, pero también de cuestionamientos, a veces de incomodidad y de grandes desafíos.

Cuanto más inviertas en tu trabajo, más central será en tu vida, y más múltiples, complejas y poderosas serán tus emociones. Durante mucho tiempo, las empresas se construyeron sobre la oposición de la racionalidad y la eficacia a las emociones, pero estas últimas son inherentes al mundo laboral actual.

Como señala Aurélie Jeantet, otra socióloga francesa especializada en el trabajo: “Las emociones forman parte de la inteligencia. Sin emoción, no puedes tomar una buena decisión”. Expresar tus emociones, ya sean positivas o negativas, es una forma de afirmar tu papel y tu posición en el mundo empresarial. Por eso, el director de una empresa debe plantearse esta pregunta: ¿qué lugar debo dar a mis emociones?

Las emociones, una baza para los directivos

Como director de empresa, inevitablemente tienes una responsabilidad y un papel que desempeñar con tus empleados. Mientras que la pasión, el entusiasmo y el reconocimiento son emociones que impulsan a las tropas, las emociones negativas tienen un impacto negativo en toda la empresa. Una crisis financiera, un despido, la recaudación de fondos, un retraso en la entrega de mercancías… hay tantas situaciones que pueden causar estrés o ansiedad a un directivo.

Tenemos que aceptar esta realidad. Porque una emoción, aunque se presente como negativa porque es desagradable e inevitablemente incómoda, también está ahí para alertarnos de un peligro o una dificultad. Sin embargo, aunque el objetivo no es suprimir o negar nuestras emociones, según el contexto, la situación o el entorno, a menudo es necesario canalizarlas.

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Acoger, identificar y gestionar las emociones

Regular nuestras emociones significa, ante todo, percibirlas e identificarlas. Tomar una decisión de improviso puede repercutir en la productividad, pero también en el bienestar de la empresa. Sin embargo, controlar tus propias emociones no significa sofocarlas, sino todo lo contrario. Aunque no siempre es buena idea expresar tus emociones sin filtro a tus empleados, las emociones reprimidas también pueden tener consecuencias. “Si no escuchamos nuestras emociones, gritarán aún más fuerte”, dice Sophie Morin, psicoterapeuta y psicóloga laboral.

Cuando se rechazan las emociones en el lugar de trabajo, se produce sufrimiento. Si las reprimimos, nos vemos impedidos para trabajar correctamente. También sufres una sensación de soledad y aislamiento. Por eso los líderes empresariales deben ver sus emociones como guías. Y, al final, no estar sometido a ellos. “La tristeza, por ejemplo, puede darnos información sobre cosas que no debemos aceptar. Escucharla nos ayudará a cambiar nuestro comportamiento. Sentir asco puede significar que hemos ido en contra de uno de nuestros valores. Todas estas emociones se experimentan de forma negativa, o al menos dolorosa. Y, sin embargo, pueden ser útiles a la hora de tomar decisiones”, explica Marine Colombel, médico especialista en psiquiatría.

El arte de aprender a gestionar tus emociones

Una vez que los hayas identificado y aceptado, tienes que atreverte a expresarlas. Porque aunque las emociones enterradas están destinadas a interferir en la calidad del trabajo, expresarlas es también una maravillosa oportunidad para transformarlas.

Si son ansiedades, verbalizarlas también ayudará a ponerlas a distancia. Poner las cosas en perspectiva y dar un paso atrás son las claves para escuchar (y tener plenamente en cuenta) el mensaje que transmiten las emociones. Por tanto, la preocupación no debe venir de la emoción en sí, sino de lo que hacemos con ella. Expresándolo, lo acogemos, aprendemos a controlarlo, pero sobre todo nos proyectamos y construimos para el futuro.

El líder empresarial también tendrá que aceptar tratar con las emociones de los demás. La empatía y la benevolencia son, por tanto, cualidades propias de los directivos. El colectivo, dinamizado por el directivo, también desempeñará un papel esencial. Sentirse apoyado y comprendido también depende de la cohesión del equipo.

Gestionar las emociones en el trabajo: ejercicios sencillos

Hay algunos ejercicios fáciles que te ayudarán a expresar tus emociones sin agobiarte. Marine Colombel te explica una técnica de respiración perfecta para mantener el control y no dejarte abrumar. Porque toda la sutileza reside también en elegir cuándo -y con quién- quieres dejar fluir tus emociones.

“La meditación flash consiste en hacer tres respiraciones profundas. Primero, respiras profundamente por la nariz y te preguntas: “¿Cuáles son las sensaciones de mi cuerpo? En la segunda respiración: “¿Cómo está mi respiración? Finalmente, para la tercera y última respiración: “¿Qué es bueno para mí? Simplemente dejamos que estas preguntas resuenen en nuestro interior, para volver a centrarnos en el momento presente y recuperar el control de nuestro cuerpo y nuestros pensamientos”.

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